Al meter la cabeza bajo el agua, sumergirla en la piscina o en la bañera repleta. Es entonces cuando aparece ese sonido, extraño pero tan necesario; el canto de la inmensidad, de un todo que no comprendes, pero que escucharlo te tranquiliza porque te llama. Aunque no te llama a ti, no a todo tu “yo” al menos, atrae y reclama tu esencia, eso que quizá algunos denominen alma. Y no lo puedes evitar, jamás serás capaz de traerte de vuelva a tu cabeza material, no hasta que la inmensidad te suelte, sólo entonces, cuando ella quiera, será el momento en el que saques la cabeza del agua y sientas algo extraño dentro de ti, algo como que de alguna forma, estás menos contaminado.
La boîte.